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Martes, 20 Octubre 2015 13:11

El Puerto de los Simios. Monkey Week

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No podemos hablar de un solo Monkey Week porque hay casi tantos como los más de 100 conciertos que se han desarrollado durante el fin de semana en El Puerto de Santa María. Una experiencia única que hace las veces de foro, festival, escaparate y punto de encuentro para profesionales y aficionados. No hay otro proyecto comparable y nunca un octubre fue tan dulce como este. Hablamos de la fiesta de la música por excelencia y, para los que realmente disfrutamos con ello, supone una auténtica tragedia regresar a una realidad en la que no hay un concierto en cada esquina y en cada bar.

El festival es un dado que el azar voltea al aire y cuyo resultado arroja tantas caras como itinerarios. Cada uno diseña su particular peregrinación en función de los gustos, el tiempo o el aguante. Porque esa es otra. La gigantesca oferta hace que al evento ganador del título de “rompepiernas” entre todos los festivales. Hay que tener un cierto fondo para resistir las tres jornadas y conocimientos de ingeniería para organizar el planning. Pero también el de “abrecorazones”. Y es que, cada año, de forma infalible, se trae uno de en la maleta caras nuevas, sonidos nuevos y la esperanza de que anuncien pronto las fechas de la siguiente edición.

Nuestra ruta particular arrancó el viernes en La Cristalera, aún con el sol fuera, visitando a los chicos del Imperio del Perro. Ha sido prolífico su paso por este MW 2015, ya que hemos podido disfrutar de su empuje y de parte de su nuevo trabajo en varias ocasiones. La jornada empezó fuerte y el blues con tintes rockeros de DientesLargos nos enganchó en la Sala Milwaukee. El patio a rebosar, amén del mercadillo de vinilos, invitaba a quedarse al siguiente y disfrutar de otro de los puntos fuertes del planeta de los monos: el ambiente. El lobo en tu Puerta llegó a eso de las 10 para demostrar que la sala tiene buenos cimientos. De otro modo, se hubieran venido abajo con el ritmo endiablado de los chiclaneros. Hardcore, rock, blues y una buena dosis de nervio para demostrar por qué el directo es su territorio.

Sacrificamos la experimentación de los sonidos de Crudo Pimento por el espectáculo de My Yellowstone en El Cielo de la Cayetana. La apuesta era arriesgada pero cuando llegamos, Dani Kussa tenía una buena montada. Su histrionismo unido a la conjunción de una banda que engancha sin remedio, hizo que nos quedáramos hasta asegurarnos de que llegaba el final. Con poco margen nos dio tiempo a disfrutar de un trozo de la crudeza, el macarreo y el buen sonido de los madrileños Biznaga, que cerraban en Mucho Teatro antes de que Toundra subiera al escenario. Sabíamos de antemano que envolverían el ambiente en las oleadas de post-rock en las que tan bien se manejan y sus guitarras apuntando al techo nos lo confirmaron. Sus composiciones alternan pasajes oníricos con descargas de ruido que arden en llamas. Aunque en esta ocasión, a diferencia de otras anteriores, echamos en falta algo más de volumen.

Sábado, sabadete

El sábado comenzó, dentro del programa profesional, con un interesante desayuno en la Bodega Osborne en el que intercambiar opiniones de modo informal. Fue allí mismo donde, poco después, nos sorprendió la dulzura de una jovencísima Nùria Graham. Armada con la guitarra hiló un par de canciones con un tono delicado y detallista, que tuvimos que abandonar por desgracia ante una nueva llamada. En Happy Place tocaba showcase sorpresa y un pajarito compañero auguró que se trataba de Grupo de Expertos Solynieve. Dicho y hecho.

Es éste lugar uno de los mejores exponentes del espíritu del Monkey y no seríamos capaces de encontrar una descripción mejor que la de su propio nombre. Un espacio especial, acogedor en el que, si no fuera por el señor que te mira la muñeca antes de entrar, te creerías en casa. Si además están los granadinos tocando enchufados en el salón, ya puede acabarse el mundo.

Pero no. De vuelta a la Bodega, nos las vimos con unos Bye Bye Lullabye con un sonido rotundo y la voz brillante de su frontwoman. Ritmos pegadizos y folk con cuerpo para encarar una tarde que se preveía movida. Dolorosa, El Imperio y Tremolina se jugaban los cuartos en la final del Certamen Desencaja mientras la crudeza y el gamberrismo ilustrado de los Sexy Zebras abarrotaba la Sala Super 8, justo al lado, donde el personal pedía guerra. La cercanía de ambas ubicaciones permitía cierta simultaneidad y las bondades de la Peña Bética servían de consuelo para nuestros estómagos. Casi sin darnos cuenta, Furia Trinidad teñía de rojo sangre el escenario de la Plaza Alfonso X El Sabio

A diferencia de otras bandas coreografiadas, ver a los gaditanos es siempre un espectáculo diferente y más rabioso si cabe. El viento sopló del oeste trayendo consigo ese rock fronterizo y con raza distribuido a sacudidas por Goli, Nur y Nelo en temas como “Money” o “Shake it”. David Guillén a la trompeta y el gran Pepe Delgado sumando sus habilidades con la guitarra, añadieron el plus a una banda que tocaba en casa y registraba un lleno apabullante en la Plaza. Desoyendo las recomendaciones de conocidos, que marchaban a por otras propuestas, y desafiando a la lluvia que caía intermitente, nos quedamos a la cita con Lichis. La propuesta de un renovado Miguel Ángel Hernando luce elegante, madura y sosegada, sin perder su toque ácido. Arropada además, como va, por una gran banda. Desgranó de pé a pá su Modo avión con algunas concesiones a anteriores vidas, como “Felicidad” (emotiva dedicatoria incluida) o “Gracias por nada”.

Nos dio tiempo a testar algunos temas de unos refrescantes The Zephir Bones en la bulliciosa Chicha Ye yé antes de que, en Mucho Teatro, se desarrollara otro de los mejores momentos de esta edición. Delorentos cerraba gira y había decidido compartirlo con una sala abarrotada y acalorada. De la noche surgen adjetivos de segunda mano como mágico, especial o íntimo pero los irlandeses fueron más que eso. Cercanos, entregados y con un apartado vocal y emocional impecable, engancharon un hit con otro y crearon en la sala el ambiente de esos directo que se conservan en la memoria. Y eso que a los presentes les costó arrancarse a mover el cucu.

Domingo de Resurrección

Fue quizás el domingo una de las jornadas más fructíferas, viendo acercarse el final de esta particular romería y sus implicaciones. Desde por la mañana asistimos en la Bodega a los minishowcases que nos descubrieron, pese a jugárselo todo a un solo tema, a unos chicos rabiosos que se hacen llamar Los Vinagres y que nos quitaron veinte años de encima. También se quedaron marcados en esa Guía de Supervivencia (que uno idolatra durante tres días) tres posibles encajes para la jornada: Betamotion, The Belmez y The Bloop. Y de nuevo tocó caminata hasta Happy Place con retorno incierto de aquel lugar en el que nos quedaríamos a vivir.

Una mañana única y compartida sólo por los que caben en el salón de una casa palacio. Con un Pájaro mañanero y sentido al que acompañaban con el alma Pepe Frías y Raúl Fernández. Un buen rato de los que no se olvidan, rodeado de amigos que asistían embobados al talento y a un repertorio sentimental con referencias a Silvio que obraron el milagro del arrebato compartido. Sentimientos al aire y apenas dos cervezas después, Cabezafuego le dio la vuelta a la tortilla con la locura enredada en su cabellera cardada. Bailamos y lo insultamos con su consentimiento. Nos dejamos seducir por su lírica cotidiano y el cinismo de unas letras lisérgicas en un momento Monkey Week 100%.

Había que escapar de allí pese a que la apisonadora de Miraflores estaba a punto de arrollarlo todo. En la sala La Martina nos enrolamos en la frescura del rock y la voz lo fi de un joven Sen Senra y su prometedor álbum debut, Permanent Vacation. Siguiendo la ruta, la Sala Gold ofrecía el rock clásico y potente de Jolly Jumper que paladeamos antes de poner a prueba nuestro equilibrio, ya algo tocado, con la escalera de caracol del Bar Santa María. Arriba rozaban el lleno unos afables Robbie & Seth, desplegando un folk acústico con gran entrega de los asistentes. Incluyendo cortes de The Mockers y referencias a la odiada y adorada película de terror Sharknado, en la que Robbie participó activamente.

Nos llegaron excelentes comentarios del paso de Quentin Gas y los Zingaros dentro del apartado Flamonkey del Festival. Bondades sobre su mestizaje, su pasión y arrojo, que nos dejaron con las ganas por no llegar a tiempo. Eso sí, no more dramas, a buen seguro tendremos oportunidad de disfrutarlo de nuevo próximamente. A eso de las 22,30 recibo un mensaje ¿advirtiendo? de que Julio de La Rosa aparecería en formato acústico y Mikel Erentxun, con quien coincidía en hora, llevaba a Paco Loco y Joaquín Pascual (Mercromina) en un show eminentemente electrónico.

Spameos aparte y pese a que la propuesta sonaba más que apetecible, teníamos claro que Julio era sagrado y nos dejamos arrastrar a sus pozos negros en Mucho Teatro. Íntimo y recitando, fue “El Traje” la primera parada de un espectáculo a su manera, profundo, buscado y que fue ganando intensidad con su devenir. Loops grabados a golpe de pedal que enredaban al oyente en las redes detallistas y de arrastre del jerezano. Poco a poco fueron rellenando los pocos huecos del teatro algunos desengañados de la Super 8, llegados a tiempo para corear “Hasta que te hartes” o “Gigante”.

La noche y la suerte estaban echadas en un local que acogería después a un Chencho Fernández con mucho que decir. Acompañado por su legión de incondicionales y muchos otros recién captados, celebró la reedición por Warner de Dadá estuvo aquí. Mimbres intimistas con solera y mucho escenario a las espaldas hicieron del show un cántico a las bondades y la carrera del sevillano, en la que fue una de sus mejores noches.

Por si fuera poco, Grupo de Expertos SolyNieve cerraba por todo lo alto la programación con temas como “Déjame vivir con alegría” o “La reina de Inglaterra”, cantados en modo karaoke. Con menos magia que en el showcase pero con un sonido redondoy las fuerzas justitas, resistimos los últimos momentos del festival-triathlon más entretenido del año. Pese a que el lunes festivo aún había vida en este planeta de los simios, los habitantes de adopción decidimos cerrar maletas y recuerdos para decir hasta luego a la ciudad efímera de la música y el buen rollo. Los devotos de los monos ya andamos haciendo cálculos (y ejercicio) para el año que viene.

Por Elena Gato

Fotos Javier Rosa

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