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Miércoles, 20 Marzo 2013 16:02

Desde la cocina

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¡Ay, el ego! ¿Qué sería de nosotros sin ese enano maldito con acento rioplatense que todos llevamos dentro y que nos dice que somos los mas lindos del mundo mundial?

Músicos, cocineros y argentinos compartimos (muchas veces) casi como seña de identidad al tan defenestrado ego. Es evidente que sería necio meter a todos los argentinos, músicos y cocineros en la misma bolsa. Los generalismos no son buenos. Pero a veces existen actitudes que hacen la convivencia con estos especímenes algo complicada haciéndonos caer en estúpidos estereotipos.

Hay de todo como en botica. Existen músicos que dan ganas de adoptarlos como si fueran un gatito de lo humildes que son. Te atienden con una sonrisa siempre que pueden, cuando no pueden hacen lo posible para buscar un hueco y regalarte cinco minutos de su tiempo. Son abiertos a críticas realizadas con educación y las aceptan como lo que son, una crítica y no un ataque personal. Hay músicos que muchas veces por presiones de managers, productoras ó discográficas, se empeñan en dar una imagen distante con el público, como si se tratase de un cuadro de Picasso al que tan solo puedes mirar desde la distancia y muchos no llegan ni a garabato en la pared de un crio de parvulario. Supongo que de ahí viene lo de “estrellas del rock”, se tornan inalcanzables.

Entre los cocineros pasan cosas parecidas. A veces nos cuesta muchisimo aceptar las críticas a nuestros platos, pero sonreímos cuando nos dicen que un plato esta soso. Bajamos la cabeza sin problemas y no nos cuesta reconocer cuando un plato es una bazofia digna de el ya desaparecido  “Castro de Lugo”. Equivocarse no es malo, lo malo es no aprender de aquellos errores que nos alejan de la realidad.

Hace tiempo tuve un “jefe” que en una reunión de personal nos decía:”En mi mundo las cosas se hacen de esta manera”. A lo que un compañero de trabajo contesto:”Lo que ocurre, es que en tu mundo te encuentras tu solo”. Demoledor. El ser soberbio, el pensar que lo que hacemos es lo mejor del mundo nos aleja de la realidad. Nos deja ciegos y sordos ante las críticas.

Es correcto decir que también influye mucho las formas en que se dicen las cosas. Todo se basa en la educación con que se digan las cosas.

Y ya para ir terminando, os explicaré de por qué os estoy soltando toda esta perorata de tontunas en forma de palabras encadenadas. Días atrás he leído que un vocalista ponía en su Facebook que le “molestaba” que en las entrevistas  los medios le pregunten una y otra vez las mismas preguntas. Este comentario rápidamente ha recibido críticas a mansalva, casi todas negativas.

Esto me hizo recordar de la infinita cantidad de veces que he tenido que explicar un plato, o comentar como se me ocurrió ese plato. Siempre lo hice con orgullo y sin molestarme en absoluto, por el simple motivo de que me debo a mis clientes y son ellos los que deciden si un plato es exitoso ó no. Y si tu, amigo músico, te molesta que te pregunten una y otra vez las mismas preguntas, por favor, hazte monja de clausura, de esa manera nunca nadie te preguntara nada. Si por el contrario, sigues empecinado en que lo tuyo es ser músico y sueñas con que miles de fans griten tu nombre mojando sus bragas con tus gorgoritos... ¡Apechuga con lo que hay!. Te debes a ellos y la única forma con la que podrás darte a conocer es gracias a la prensa, a medios independientes como esta humilde pagina que gracias a sus colaboradores y redactores hacen que tu trabajo salga a la luz...

Si no te gusta explicar tu trabajo una y otra vez, siempre tendrás el duro asfalto de una peatonal cualquiera de las muchas que hay en España. Ahí, ya sabes, la gente pasara olímpicamente de ti y de lo que haces.

 

Por @CocineroPatan

 

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