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Miércoles, 20 Febrero 2013 18:41

Desde la cocina

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Desde que llegue a Sevilla hace unos años que cada cierto tiempo siento la imperiosa necesidad de hacer una ruta “gastromusical”. ¿Como se come esto?, fácil, simplemente se trata de ir dejándose llevar con una playlist e ir recorriendo la ciudad con la única premisa de darse esos pequeños caprichos que por cuestiones de tiempo a veces no podemos hacer. Callejear sin mapas. Sin prisas.

Necesito de tomarme uno de esos dias para mi, solo con la intención de parar la pelota y ordenar un poco la visión de este juego que es sobrevivir (porque al paso que vamos con tanto ajuste y tanta crisis el vivir esta convirtiéndose en tarea arduo complicada). Se hace necesario ir en busca de ese rincón exquisito. Días en los que me apetece aparcar el cocinero que llevo dentro y pasar del otro lado de los fogones.

Un “cafelito” en Triana observando el trajin de su mercado. Con el aroma del café mezclándose con el de los distintos puestos. El olor del pan recién tostado que por segundos se hace invisible del paso de una señora con su pestazo a perfume. Y en mi cabeza sonando un poco de Nick Cave.

Porque si de hay algo que puede presumir esta ciudad es de sus aromas, que quizás no huela a mandarinas pero si huele a naranjas, a pesacaito de la calle Betis, a azahar en el barrio de Santa Cruz, a insiensos en Semana Santa, a los churros de resaca…

El centro con todo su nervio y su caos se convierte en el escenario perfecto para atraversarlo acompañado de Angus Young y su rabiosa guitarra, todo sea por esa primera caña caña en la Alfalfa. Aquí siempre cae una tapa de carrillada al oporto ó un arancini, asi, como para abrir boca.

En estos días siempre me reservo para el mediodía como parada obligatoria un tapeo obligatorio en un bar de la calle Eslava. Me voy perdiendo entre calle y calle al firme ritmo que me marca una Sevilla que vibra a cada paso con su propia música. Hasta llegar a mi templo de la calle Eslava. Aquí es donde me pierdo, donde ya no soy yo, como cuando pones esa playlist que te mueve a otro espacio y tiempo.

Entre costillitas a la miel y un Ribera, entre un oloroso y un perfecto de chocolate la tarde comienza a apagarse. Donde el cuerpo va pidiendo un café al sol en la Alameda de Hercules con Cat Empire endulzando las orejas. Aunque es propio decir que en la Alameda hay tantos rincones como música sea de nuestro agrado.

Hoy en “Desde la cocina” os quiero proponer que nos cuenten como serian vuestras “rutas gastromusicales”. Que es aquello que vais tarareando en vuestros días egoístas en lo que uno decide mimarse. Me gustaría crear junto a vosotros una especie de recomendación para todos aquellos que quieran conocer una ciudad de forma diferente.

Contarnos como disfrutáis de vuestras ciudades. ¿Cuales son tus rincones exquisitos y con que música los acompañas?

¡Buen provecho, amigos!

 

@Cocineropatan

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