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Sábado, 09 Junio 2012 09:00

La gran resurrección

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La ciudad condal fue testigo de la reaparición de una de las grandes figuras del sonido Madchester. La sala, a rebosar, vivió un ambiente de noche mágica.

En los últimos tiempos estamos viviendo un fenómeno muy peculiar, el de las reapariciones de grandes clásicos. Cada vez son más las bandas que deciden reunirse para retomar su carrera, y uno no deja de preguntarse en muchos casos si realmente era necesario. Los antiguos fans se dejan llevar por la nostalgia, y las nuevas generaciones no quieren perderse la oportunidad de poder ver a esos grupos de los que tanto hablaban sus hermanos mayores. A finales del año pasado se anunció la vuelta de una de las figuras mas influyentes en la explosión que supuso el Brit Pop de los 90, los Stone Roses.

Y como no, la expectación era enorme. Los de Manchester eligieron para su vuelta a los ruedos Barcelona, sin contar el show gratuito que ofrecieron en el Warrington Parr Hall el pasado mes de mayo. Una doble fecha que prometía ser memorable. El ambiente a priori no defraudó, la sala se llenó progresivamente de un público ilusionado, con una importante representación inglesa. Se notaba que había expectación y ganas, el foso era un hervidero y la tensión se palpaba mientras los técnicos ultimaban preparativos. Cuando por fin la banda salió al escenario, el estallido fue general, era como sí el público hubiera esperado mucho para ver aquello, exactamente quince años.

Así que la comunión era perfecta y todo estaba listo para la gran resurrección. Ian Brown saltó a primera fila con su habitual pose de barrio y, exceptuando un par de canas, el grupo parecía dar la misma imagen de la década pasada. En un paralelismo con su primer disco, un principio perfecto, comenzaron a sonar los acordes de “I Wanna Be Adored” y la Razz se junto en una sola voz. El grupo se vio empujado por la reacción del público, y los acordes del bajo de Mani se hicieron presentes en cada rincón. Sorprendía también la presencia de Reni en la batería, tanto por su set con doble bombo, como por su peinado con rastas, que finalmente se descubrió que era postizo.

El repertorio continuó con otro clásicos igualmente coreados como “Sally Cinnamon” y “Mersey Paradise”. Un gran juego de luces con los colores de la bandera británica y una fila de reflectores envolvía a la banda en un ambiente mágico. La única queja a reseñar fue la mala ecualización del sonido, que resto algo de efectividad al show, y la prohibición a la prensa invitada de sacar instantáneas del momento. El concierto fue cubierto de principio a fin por una serie de cámaras de la propia organización, lo cual hace pensar que próximamente podamos verlo editado en video.

Los fallos en el sonido empujaron al grupo a entregarse más todavía. Ian ponía en escena sus característicos bailes, y en un momento apareció con tres camisetas del evento que regaló a los fans de la primera fila. El foso coreaba los punteos de guitarra de Jon Squire en “Shoot You Down”, que enlazaron sin pausa con “Waterfall”. Ian dedicó el tema “She Bangs The Drums” al público femenino, y la banda sonaba con una frescura que hacía recordar a tiempos pasados. Sin duda, los temas de los Stone Roses ganan en vitalidad y pegada con su directo.

El concierto llegó a su punto máximo de nostalgia y comunión con el público con los dos temas más coreados de la noche, “This Is The One” y “Love Spreads”. La banda se despidió después de una hora larga de concierto dando las gracias, pero el público no se movió de su sitio, quería más.

Con el encendido de las luces se produjo la anécdota de la noche, cuando el público reconoció a Liam Gallagher junto a la mesa de sonido. Pero la atención pronto se distrajo de nuevo al escenario cuando los de Manchester volvieron a hacer su aparición para un bis con una prolongada y cañera versión de “I Am Resurrection”, el epílogo perfecto. La banda terminó fundiéndose en un emotivo abrazo y deshaciendo en agradecimientos a un público que por fin respiró exhausto por el calor y la entrega.

En resumen, se prometía una gran noche en la vuelta de los Stones Roses, y a pesar de los problemas técnicos, la entrega del público y la frescura y ganas que mostró la banda, hacen prometer mucho de esta vuelta a los ruedos.

Ya no hay excusa para perdérselos.

 

Por J.Guerra

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