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Viernes, 14 Noviembre 2014 13:24

Nacho Vegas: nos quieren en soledad, nos tendrán en común

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En lo que a la parte musical se refiere el Festival Acròbates es algo así como una reunión de músicos admiradores de poesía que influye indiscutiblemente en sus canciones. Y si hay un claro referente musical de ello en nuestro país, sin duda, ese es Nacho Vegas. El asturiano actuaba el pasado 7 de noviembre en la Sala Salamandra de l’Hospitalet para presentar de nuevo su último trabajo, “Resituación”.


A eso de las diez y rozando el lleno de la sala Nacho Vegas aparecía acompañado de su banda habitual sobre el escenario. Las maracas en manos de Abraham Boba y los primeros acordes de ‘Libertariana Song’ hacen el deleite de un público cada vez más ecléctico. Y es que con el paso de los años y los discos Nacho Vegas ha vivido su propio proceso de resituación. Poco queda ya de aquel Nacho - maldito - al que muchos admirábamos por la tristeza de sus melodías y la crudeza de sus letras. Ahora el asturiano, lejos de esconderse tímido tras su flequillo, no tiene ningún reparo en alzar su voz y gritar, o más bien cantar, sobre todo aquello que le molesta de esta sociedad cada vez más oprimida y de los dirigentes que la gobiernan. Quizá por eso él mismo es consciente de que, con el paso de los años, algunos de sus seguidores se han ido quedando atrás para dar paso a un público cada vez más joven con ansias de cambios y revolución.

Con ‘Nuevos planes, idénticas estrategias’ asoma de nuevo aquel Nacho que en el pasado trazaba maniobras poéticas para sobrevivir. El problema es que ahora él vive en una ‘Ciudad vampírica’ y eso se refleja irremediablemente en sus canciones. Así pues, los que aguardamos expectantes a los pies del escenario, no podemos evitar que sus ritmos y sus letras nos nublen la razón. Porque en el fondo, aunque no queramos admitirlo, todos nos hemos sentido un poco  ‘Adolfo Suicide’ en alguna ocasión. Segundos más tarde, como un tiro a bocajarro, llega ‘Taberneros’ dispuesta a reventarnos las entrañas. Pero, valientes, sobrevivimos a ella y hartos de todo explotamos con ‘Cómo hacer crac’. Y es que últimamente el país se nos rompe bajo los pies y Nacho está ahí para recordárnoslo y arrancarnos una jauría de vítores y aplausos antes incluso de terminar la primera frase de esta canción o entonar los primeros versos de ‘La vida manca’. Quizá por eso decide darnos un respiro, para que recobremos el aliento. Lo que nadie se espera es que Lorena Álvarez, la musa de ‘Rapaza de San Antolín’, vaya a ser quien nos devuelva el aire a nuestros pulmones.

La asturiana sacude en un momento la sala con su gracia y su desparpajo  habitual. En un abrir y cerrar de ojos ironiza sobre las canciones de Nacho, bromea con el público y advierte al resto de músicos para que la sigan. Sin perder la sonrisa interpreta ‘Soy un olmo’. En ‘Novias’, Nacho le acompaña a la voz. Cual terremoto ha puesto patas arriba a público y banda. Cual terremoto desaparece entre bambalinas dejándonos a todos con una sonrisa tonta en los labios.

Ahora son los chicos los que necesitan un descanso. Se acerca el final. Nacho regresa sólo al escenario tras una breve pausa. Se enfunda la acústica. Dice que tras quedar eclipsados por Lorena va a intentar terminar con dignidad. Hace un primer intento de entonar un nuevo tema pero se equivoca. Lorena le ha puesto nervioso. Lo intenta de nuevo y esta vez sí. Esta vez un halo de magia se apodera del ambiente. Es la ‘Luz de agosto en Gijón’.

A lo largo de casi dos horas hemos podido comprobar que poco queda ya de aquel ‘Hombre que casi conoció a Michi Panero’. Pero nos da igual. Nos gusta el nuevo Nacho Vegas, ese que nos advierte de los peligros e inconvenientes de ir al ‘Mercado de Sonora’.

Sobre el escenario Abraham Boba, Edu Baos, Luis Rodríguez, Manu Molina y Joseba Irazoki le acompañan. La complicidad entre ellos es más que evidente. Son muchos años ya batallando juntos sobre un mismo escenario. Saben que vestir de traje les sienta bien, pero mejor les sientan las canciones. Se miran, sonríen una última vez y afirman. Cómo diciendo ¡sí, ha llegado el momento! Y entonces estallan. Boba traspasa las teclas de su instrumento, la batería de Molina no va a resistir mucho más, el corazón se nos va a salir por la boca con cada golpe de bajo que propina Luis y con cada guitarrazo de los chicos sentimos vibrar cada centímetro de nuestra piel y de nuestras entrañas. ¿Quién dijo que a los conciertos de Nacho Vegas uno iba a cortarse las venas?

 

Por Bitta, @SorBittadelimon

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