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Miércoles, 01 Mayo 2013 14:34

Desde la cocina "Cuatro miserables tapas"

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Cuatro miserables tapas

Hace tiempo no me ocurría el tener que levantarme de la mesa enfadado y pidiendo la cuenta sin casi siquiera haber probado bocado. Créanme, es una experiencia que no comparto ya que creo que siempre hay que brindar al menos una oportunidad a quien ha puesto algo de esfuerzo en crear lo que luego me voy comer.

De la misma manera que si asisto a un concierto y eso se convierte en una tortura para mis tímpanos, difícilmente he de levantarme e irme. Pero ayer, el bar que pise desafino de tal manera que termine comiendo una hamburguesa en el Burry King que esta frente a la Mezquita de Córdoba.

El sitio prometía. La carta sonaba a una prometedora sinfonía de acordes y sabores clásicos, de toda la vida, de esos que difícilmente fallen.

La carta era como esas canciones que aprendemos en parvulitos. Simples y efectivas recetas que hasta un mono ciego podía ejecutarlas. El nombre del bar era como esas listas de la Rolling Stone en verano cuando el editor está de vacaciones y el becario de turno se dio a las drogas duras en el Primavera Sound, “101 Tapas”. Pero resulta que los encargados de interpretar tales canciones más que personal de hostelería se asemejaban a un yonki rabioso sin su chute de metadona con los Frosties de la mañana. La actitud de los camareros me hacían preguntarme si durante la borrachera de la noche anterior mantuve relaciones anales con ellos dada la confianza y el tono con que me hablaban al preguntar por mis cuatro miserables tapas.

La espera se hacía eterna. Parecía que las cuatro miserables tapas que habíamos pedido para arrancar iban a demorarse más que los brotes verdes de Zapatero. La resaca que llevaba me impedía apurar mi cerveza por lo que movido por la curiosidad fui a asomarme a la cocina para ver que tenían liada allí, quería saber si tenían a un tío recogiendo las berenjenas que había pedido, o si estaban pescando los chanquetes uno por uno dando quizás así una explicación lógica de porque mis cuatro miserables tapas estaban aun en búsqueda y captura.

Camino al meter mi cabeza en la cocina fui contando los comensales...uno, dos, tres...responda otra vez...en fin, apenas unas 35 personas en todo el bar, lo que hacía una media de 7 personas por camarero. Tarea fácil en teoría para un sitio que tiene una afluencia de público bastante alta dada la ubicación del bar.

Practico mi cara de guiri confundido que busca el baño y meto mis morros en la cocina para ver la que tenían liada allí que impedía que mis cuatro miserables tapas vieran la luz.

Me bastó menos de 30 segundo para dar con la clave de del porque  mi estomago seguía rugiendo. La desmotivación era la causa. No había sangre en esa cocina y si a eso le sumábamos los camareros estilo walking dead hacían de ese lugar el paraíso de la decadencia.

La cocinera me indica con un acento de ruso cabreado y con resaca de vodka del Metadona (ya sabéis, ese supermercado que suena parecido) que “esto no ser baño, baño allí” mientras me apuntaba con un chuchillo cebollero en una mano y lo que parecía un conejo en la otra. Preferí no indagar mas no sea cosa que me cuello corriese la misma suerte que ese pobre conejito.

Volví a la barra donde se iba calentando lentamente mi cerveza a la espera de que llegasen mis cuatro miserables tapas. No solo la cerveza se iba calentando, yo también me estaba calentando porque no hay nada peor que tener hambre al tiempo que ver comer a otros estando de resaca.

La parsimonia de los camareros alimentaba mi cabreo interno. Me levanté para ponerme la chaqueta. Pido la cuenta y mágicamente aparecen dos de las cuatro tapas que había pedido.

No tenía el humor como para quedarme pero dado que estaba débil de fuerzas gracias a que la noche anterior me pase por el forro eso de “beber con moderación”. Apoye mi enorme culo en la silla y me dispuse a probar “eso”.

¿Cómo explicar la sensación de esos chanquetes? Mmm... Déjenme intentarlo... ¿alguna vez por esas cosas de la vida habéis masticado bandas elásticas?, ya saben, de esas que se usan para jugar el tiro al blanco con el culo de las profesora en el instituto... bueno, la textura de esos chanquetes era la misma y me daban ganas de hacer lo mismo que con las gomitas, apuntarle al ojete de los camareros. Hacer mal unos chanquetes fritos es como no saberse la letra de “Cumpleaños feliz”.

Mi hambre era voraz por lo que le di oportunidad a las otras dos tapas. Berenjenas fritas rebozadas y puntillitas (chopitos para algunos). Clásicos de las tapas, el Elvis y Beatles de las tapas... Primer mordisco a una de esas rodajas de berenjenas y sorprendentemente era comestible. Lástima que solo fueran 3 rodajas nada más.

Las puntillitas daban penita verlas. El rebozado se caía a trozos igual que la confianza en el gobierno de Rajoy...

No pude más y decidí cambiar de música. Pedí la cuenta, apure la cerveza de un sorbo y me fui jurando nunca más pisar ese sitio que mas que “101 tapas” debería de llamarse “101 minutos”, que es el tiempo que tardan en servirte.

La cuarta tapa nunca llego y yo me fui con la música a otra parte dejando que esta gente siga destrozando clásicos de esa gran sinfonía de sabores que es la gastronomía cordobesa.

Advertidos estáis.

Muchas gracias y buen provecho.


Por @CocineroPatan

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